Una cuchara de madera queda en la superficie y otra de acero llega al fondo. Antes de explicar por qué, hay algo que el niño puede hacer: mirar, comparar y buscar palabras para contarlo. Estos experimentos con agua para niños proponen tres pruebas: observar qué flota, disolver una pequeña cantidad de sal y comparar cómo se moja el papel frente al plástico.
En cada una hay instrucciones para leer en compañía y una forma de guardar lo observado con un dibujo, palabras o frases propias.
Tabla de contenido
Antes de empezar, acuerden cómo leer y participar
Prepara una mesa estable, una bandeja y un paño para secar los derrames. Usa agua a temperatura ambiente, recipientes de plástico y solo las cantidades indicadas. Un adulto debe acompañar toda la actividad, encargarse de los cortes y vaciar los recipientes al terminar. Los materiales y las mezclas no se llevan a la boca.
Elige una prueba para comenzar. No hace falta completar las tres seguidas. Deja el papel para escribir lejos de la bandeja y adapta la participación:
- Si el niño todavía no lee, el adulto lee un paso y el niño escucha, actúa y cuenta lo que ve.
- Si está empezando a leer, pueden compartir la instrucción y detenerse en una palabra útil, como coloca o mezcla. Después, pídele que explique qué hará.
- Si ya lee con autonomía, puede consultar los pasos y volver al texto cuando lo necesite.
Escuchar una instrucción no es lo mismo que leerla por cuenta propia. Ambas formas permiten participar; esta actividad no sustituye la enseñanza de la lectura. Para acompañar ese proceso más allá de las pruebas, puedes consultar las ideas sobre cómo preparar a los niños para la lectoescritura.
Antes de tocar el agua, separen dos momentos: creo que pasará y he observado. El primero expresa una previsión; el segundo cuenta algo que ya ocurrió. No es necesario acertar la previsión para hacer una buena observación.
1. Dos cucharas: ¿cuál flota y cuál se hunde?
Necesitas un recipiente transparente de plástico con una base de unos 25 x 15 cm y al menos 8 cm de alto, agua hasta formar una capa de 4 cm y dos cucharas de unos 12 a 15 cm: una de madera maciza, seca y sin astillas, y otra de acero inoxidable macizo, sin mango hueco. Deben caber acostadas sin tocar los lados.
Lean un paso y comprueben qué ocurre
- Mira las dos cucharas y di qué crees que pasará con cada una.
- Coloca suavemente la cuchara de madera sobre el agua, sin empujarla. Suéltala y observa dónde queda.
- Sácala. Coloca la de acero del mismo modo y vuelve a observar.
- Describe la posición de cada cuchara: en la superficie o en el fondo.
Lo esperable es que la cuchara de madera flote y la de acero se hunda. Flotar significa mantenerse en la superficie sin apoyarse en el fondo; no exige que todo el objeto quede fuera del agua.

El peso por sí solo no permite predecir el resultado. Importa la densidad del objeto, es decir, cuánta masa tiene en relación con el espacio que ocupa, comparada con la del agua. La American Chemical Society explica por qué un objeto más pesado puede flotar mientras otro más ligero se hunde.
El agua también ejerce un empuje hacia arriba. Ese empuje depende de la cantidad de agua desplazada, como explica la NOAA en su explicación sobre flotación. Por eso un barco puede flotar aunque pese mucho: su forma permite desplazar suficiente agua para sostener su peso. Estas dos cucharas no demuestran que toda la madera flote ni que cualquier objeto metálico se hunda.
Para conversar, pregunta: ¿Cómo sabes que la cuchara está flotando? Si el niño dice que está arriba, puedes ampliar su frase: La cuchara de madera queda en la superficie. Después, dibujen ambas posiciones y añadan madera y acero, o escribe al dictado lo que el niño observó.
Si cuesta pasar del texto a la acción, puedes practicar cómo seguir instrucciones escritas con una secuencia breve y apoyos concretos.
Un primer registro que distinga lo esperado de lo visto
Si ocurrió ese resultado, un registro podría quedar así:
- Antes: Creía que las dos cucharas se hundirían.
- Lo que hice: Puse cada cuchara en el agua y la solté.
- Lo que observé: La de madera flotó y la de acero llegó al fondo.
Es un ejemplo, no una respuesta para copiar. Si el niño anticipó otra cosa o vio un resultado distinto, conserven sus palabras. Pueden acompañar el dibujo con lo que el niño dicte o con sus primeras frases, sin exigir un texto largo.
Para acompañar ese paso, consulta el ejemplo de registro de observación para niños, con dibujos, dictado al adulto y primeras frases.
2. Mezclar sal con agua: dejar de verla no es perderla
Prepara dos vasos transparentes de plástico de al menos 250 ml, 100 ml de agua en cada uno, media cucharadita rasa de sal fina de mesa y una cuchara para remover. Usa una cucharadita medidora de 5 ml para tomar la media medida. El adulto puede medir el agua con una jarra graduada.
Deja un vaso solo con agua para compararlo con el otro. Pregunta primero qué cree el niño que pasará con los granos de sal.
- Observa el agua de los dos vasos.
- Añade la media cucharadita de sal a uno de ellos y mira los granos antes de remover.
- Remueve suavemente durante un minuto, sin salpicar. Si todavía ves granos, continúa un poco más.
- Deja reposar la mezcla y compárala con el vaso que solo tiene agua. No pruebes el contenido.

Con esta cantidad, lo esperable es que los granos dejen de distinguirse. Puede que ambos vasos parezcan iguales a simple vista, pero su contenido es diferente.
La sal se disuelve: sus componentes se separan y quedan distribuidos en el agua a una escala que no podemos ver a simple vista. No ha dejado de existir. El USGS explica cómo el agua disuelve la sal; también recuerda que el agua no disuelve todas las sustancias.
Aquí conviene distinguir observación y explicación. Ya no veo los granos cuenta lo observado. La sal sigue disuelta en el agua explica lo ocurrido. La apariencia transparente, por sí sola, no demuestra que un vaso contenga únicamente agua.
Pregunta: ¿Qué cambió desde que añadimos la sal hasta que terminamos de remover? Para registrarlo, el niño puede dibujar dos momentos y dictar una frase. Si ya escribe, puede intentar una oración propia, como Al remover, dejé de ver los granos. Lean después lo escrito y comprueben si cuenta el cambio que observaron.
3. Papel y plástico: ¿dónde queda el agua?
Para esta prueba necesitas dos platos secos de plástico, una sola capa de papel absorbente de cocina de 10 x 10 cm, una lámina plana de plástico liso e intacto del mismo tamaño, agua y una cucharita medidora de 2,5 ml. El adulto prepara los cuadrados; evita bolsas sueltas y plástico con bordes cortantes.
Comparen con la misma cantidad y el mismo tiempo
- Pon el papel sobre un plato y el plástico sobre el otro, ambos planos.
- Antes de mojarlos, di en cuál crees que el agua entrará en el material y en cuál quedará sobre la superficie.
- Vierte 2,5 ml de agua en el centro del papel y otros 2,5 ml en el centro del plástico. Usa la misma cucharita y no inclines los platos.
- Espera 30 segundos sin moverlos. Mira si aparece una zona húmeda que se extiende o si el agua permanece encima.
- Con ayuda del adulto, levanta despacio un borde de cada material y observa si queda agua en el plato.
Lo esperable es que el agua entre en el papel y humedezca una zona más amplia. En el plástico intacto quedará sobre la superficie, como gotas o un pequeño charco, y podrá deslizarse al inclinarlo. Si parte atraviesa el papel y llega al plato, anótenlo también: absorber no significa retener cualquier cantidad.

Absorber es incorporar agua al interior del material. En el papel, el agua puede entrar y avanzar por los pequeños espacios entre las fibras. El plástico liso de esta prueba no la incorpora de la misma manera. La American Chemical Society explica la absorción y la importancia de comparar los materiales en las mismas condiciones.
Pregunta: ¿Qué ves que te hace pensar que el agua entró en el papel? Ayuda a precisar una respuesta como está mojado: La zona húmeda se extendió desde el centro. Para dejar constancia, dibujen la forma de esa zona y la del agua sobre el plástico; después añadan palabras o una frase que describa cada caso.
Esta prueba permite comparar el comportamiento de esos dos materiales. No mide cuántos mililitros absorbe cada uno ni permite ordenar todos los papeles por su capacidad de absorción.
Contar el resultado con las palabras que el niño puede usar
Al terminar una prueba, pide al niño que cuente lo ocurrido a alguien que no estaba mirando. Puedes ayudar con tres preguntas: ¿Qué usaste? ¿Qué hiciste? ¿Qué cambió?
Si todavía no escribe, puede dibujar y dictarte una frase. Escríbela delante de él y léela señalando las palabras. Si empieza a escribir, deja que intente una palabra significativa o una frase breve y pregúntale qué quiso decir. Si escribe con más soltura, propón que una la acción con el resultado: Puse agua en el papel y la zona húmeda se extendió.
No hace falta convertir cada observación en una explicación científica completa. Pueden releer el registro y revisar una sola cosa: ¿Se entiende qué pasó con el agua? Así, volver al texto tiene un propósito concreto.
Si el resultado fue diferente
Describan primero lo que ocurrió, aunque no coincida con lo esperado. Después revisen una condición cada vez:
- En la flotación, ¿la cuchara estaba libre o se apoyó en un borde? ¿El mango era hueco? ¿Había suficiente profundidad para distinguir superficie y fondo?
- En la disolución, ¿usaron sal fina y la cantidad indicada? ¿Quedaron granos en el fondo? Pueden remover más antes de volver a observar.
- En la absorción, ¿el papel estaba seco y sin recubrimiento? ¿El plástico tenía algún agujero? ¿Recibieron ambos la misma dosis de agua?
Si deciden repetir, anoten qué cambiaron. Un registro también puede decir Todavía se ven granos o Parte del agua quedó en el plato. Lo útil es que las palabras describan la prueba realizada, incluso cuando deje una nueva pregunta.